De chico siempre escuchaba que lo importante era ahorrar. Dinero, mayormente, pero en mi cabeza lo imaginé como si debiéramos ir por la vida guardándonos cosas, gestos, momentos.
Esto no intenta ser un consejo sino más bien un descargo de lo aprendido, que estas cosas, creo yo, no hay que guardarlas.
Para empezar quiero aclarar que no voy a hablar en términos económicos, ya que nunca fui bueno en la materia y no lo pienso empezar a ser ahora, de cara a vos que estás leyendo esto.
Hay algo de regocijo infantil, idealista, en esta ignorancia, lo confieso, me gusta sentirme desapegado de lo material, aunque a veces desee algunas cosas con un fervor que me critico a mí mismo e intento controlar. Entiendo a estos impulsos como tales y por suerte, en materia económica, siempre tengo otras prioridades. Mis hijos, entre las que ranquean bien arriba.
Volviendo al tema del presente, no voy a hablar de cuestiones del dinero, creo que eso quedó aclarado.
Dicho eso, va esta frase.
No ahorres. Nunca. Lastima a uno mismo y a los demás. Haceme caso, no ahorres.
No ahorres en canciones, levantate todas las mañanas y cantá, bailá, así sea en soledad o en compañía, que la música es el mayor alimento del alma y tiene el don desde siempre de llegar al fondo del corazón y darle lo que necesita para arrancar un día que siempre puede ser glorioso. O terminar uno que fue malo y hay que dejarse llevar por esa música al reino de los sueños.
No ahorres en ridículos, en caer en gracia propia o ajena, en hacerlo cerca de alguien querido, que no hay mejor forma de acercarse a los demás que metiéndose en sus sonrisas para siempre. Sé anécdota y recordá la de los demás.
No ahorres, por nada del mundo, en esperanzas, de esas que te ayudan a erguir un poco más la cabeza, levantar la frente al sol y caminar, no con orgullo, sino con dignidad, sabiendo (siempre sabé) que todo mejora, que hasta el dolor más profundo tiende a disiparse en el tiempo y si bien hay cosas que no sanan nunca, sí tenemos la oportunidad de hacerlo a un lado y seguir nuestro camino. Y cada tanto recordar, por qué no, para saber cómo fue que lo recorrimos y qué tuvimos que superar para llegar a donde estamos, que sin los dolores no seríamos nosotros mismos.
No ahorres en zapatos. Gastalos siempre, todos, como más te guste. Gastalos bailando, caminando, corriendo o viajando pero siempre hasta que las plantas de los pies sientan el suelo, la tierra. Descree de la quietud y movete, para donde te lleve el corazón y hasta donde te den las piernas. Y si hay que dejar de mirar atrás por un tiempo, hacelo sin culpa, que habrá algún día un momento para volver sobre tus pasos con el corazón más sano, fuerte y poder revivir con otra mirada lo que tuvimos que sortear. Y si ese momento no llega, que así sea, vos seguí tu camino, la senda de lo que quieras hacer, que para eso viniste.
No ahorres en sonrisas ni siquiera cuando sientas que el mundo se cae encima y todo se sostiene sobre tus hombros, cuando sientas que no das más, cuando creas que nada puede ser peor, ahí es donde más tenés que sonreír, que es la llave de la mayor cantidad de puertas que pude alguna vez conocer, pero sobretodo la llave de muchos corazones, incluyendo el propio. Aprendé a reír de las desgracias, de las tragedias y de los males, que la risa te va a sacar de esos y de peores lugares.
No ahorres en sueños, aunque se frustren, no esquives las fantasías aunque parezcan imposibles. Soñá vos, soñá con otros. Viví el presente, pero siempre tenete un sueño a mano, que son el helio de algunos globos hechos de momentos que nunca dejan de subir. La locura es no soñar, no creer que se puede eso que deseas con locura. Porque así se desea, con locura. Como también así se ama. Es muy probable que te cruces con mucha gente, toda una sociedad repleta de prejuicios, moral y otras yerbas, que te digan que no se puede una cosa, que no se debe, que no es para vos. Seguramente sea alguien cercano el que lo haga. Quizás hasta sea yo mismo o incluso vos y tus propios miedos. No escuches a nadie, que cuando se trata de vos, sos el único que decide.
No ahorres en abrazos, por favor, nunca lo hagas, que no se sabe cuando quieras abrazar a aquel que ya no esté y no haya otra opción que cerrar los brazos entorno sólo del aire con olor a melancolía.
En definitiva, no ahorres en vivir, que nada nos asegura que esta no sea la única oportunidad que se nos da para poder, de alguna forma, vivirla.
martes, 17 de marzo de 2015
Carta para mis hijos. Y para mí.
viernes, 13 de marzo de 2015
De la eficiencia.
Suelo perder mucho tiempo. O eso, al menos, se cansaba de decir mi viejo quien, tal vez, perdía el tiempo con sus palabras.
En una de mis tantas pérdidas de tiempo, leí un post sobre el tema en cuestión, asociado al saludo del que nos vanagloriamos quienes creemos de manera profunda en las ventajas de saber convivir en una sociedad donde el reconocimiento de los pares es de las cosas que más importan, vaya uno a saber si no es la que más. Carlos, el muchacho que escribió lo anterior, decía muy suelto, que el saludo es, literal, "ineficiente y retrasa la velocidad de las cosas". Lo loco de dicha nota era que iniciaba como una crítica a una entrada anterior, de algún otro forista que se quejaba del no saludo y lo veía como una falta de respeto.
Aquí, pueden leer el post del que hablo (no temas, es corto, no vas a perder demasiado tiempo, algo es algo).
Todo esto me hizo ruido, por el bagaje anterior, esto suele ser así, y me puse a pensar en ello, digamos, le dediqué tiempo.
Viví toda mi existencia en una sociedad capitalista, liberal, en donde nos dicen que el tiempo habría que, es obligación, utilizarlo de manera eficiente. El tiempo, señores, es oro. No entiendo el concepto siquiera, que ese metal para mí no vale nada en absoluto, creo no tenerlo en ninguna forma posible, descuiden, seguro vaya y confirme esto en los cajones de mi casa o hasta lea algún blog en donde me diga que sí, existen proporciones pequeñas de ese mineral en mi teléfono celular o en la computadora desde donde escribo.
Oro, Carlos. Te dediqué oro.
Dejemos la literalidad de lado.
No llegué a ninguna conclusión, me pasa seguido.
Decía, entonces, que me criaron diciendo que el tiempo es algo muy valioso, primero mi viejo que me hacía apagar la computadora (hola pá, las putas estas me dan de comer desde hace más de 16 años), después mis maestras del colegio, que pretendían que estudie y luego Robin Williams, que en paz descanse, con su sociedad de poetas y su "Carpe Diem" tan tatuado en las pieles de muchos a los que no vamos a juzgar, al menos desde este espacio.
Pero, ¿qué carajo es aprovechar el tiempo?
Para los capitalistas es producir y generar beneficios para uno mismo, que derivan en beneficios para la sociedad. Para los comunistas, producir para todos y generar beneficios para la sociedad, que derivan en beneficios para uno mismo. En el ideal, claro, hablan casi de lo mismo. El tiempo hay que utilizarlo para "generar beneficios", donde beneficios son productos y servicios. Esto quiere decir, sin demasiadas vueltas y en una simplificación que hasta me da un poco de pudor, que si no estás haciendo algo productivo, estás perdiendo el tiempo. Y perder el tiempo, lo dijimos de otra forma, es un pecado mortal.
Habiendo definido el tiempo en términos económicos, ponele, creo que hay que salvar a todos de la posibilidad de definirlo en lo personal, que a mí me importa bastante poco, si lo comparo con otras cosas, la economía en general. Y desde acá es más difícil responder a la pregunta de antes.
¿Qué carajo es aprovechar el tiempo?
Desde mi óptica, no suelo perder tanto tiempo (¡ja!, te confundí, ¿no?), sino que lo aprovecho de una manera en que mi viejo y mis seños de la primaria no compartirían. Quizás sea saludando a otros y dándoles de alguna manera vaga mi reconocimiento a su mera existencia. Quizás sea respondiendo a los comentarios que me hacen, sin juzgarlos. Tal vez sea solo estando para los que crean necesitarme en algún momento. Porque si no producir fuera perder el tiempo, digamos, tirarlo a la basura, Carlos no habría escrito lo que escribió porque está lejos de ser una producción de valor, vos, lector improbable, no estarías acá y yo, con más razón, no estaría escribiendo.
En una de mis tantas pérdidas de tiempo, leí un post sobre el tema en cuestión, asociado al saludo del que nos vanagloriamos quienes creemos de manera profunda en las ventajas de saber convivir en una sociedad donde el reconocimiento de los pares es de las cosas que más importan, vaya uno a saber si no es la que más. Carlos, el muchacho que escribió lo anterior, decía muy suelto, que el saludo es, literal, "ineficiente y retrasa la velocidad de las cosas". Lo loco de dicha nota era que iniciaba como una crítica a una entrada anterior, de algún otro forista que se quejaba del no saludo y lo veía como una falta de respeto.
Aquí, pueden leer el post del que hablo (no temas, es corto, no vas a perder demasiado tiempo, algo es algo).
Todo esto me hizo ruido, por el bagaje anterior, esto suele ser así, y me puse a pensar en ello, digamos, le dediqué tiempo.
Viví toda mi existencia en una sociedad capitalista, liberal, en donde nos dicen que el tiempo habría que, es obligación, utilizarlo de manera eficiente. El tiempo, señores, es oro. No entiendo el concepto siquiera, que ese metal para mí no vale nada en absoluto, creo no tenerlo en ninguna forma posible, descuiden, seguro vaya y confirme esto en los cajones de mi casa o hasta lea algún blog en donde me diga que sí, existen proporciones pequeñas de ese mineral en mi teléfono celular o en la computadora desde donde escribo.
Dejemos la literalidad de lado.
No llegué a ninguna conclusión, me pasa seguido.
Decía, entonces, que me criaron diciendo que el tiempo es algo muy valioso, primero mi viejo que me hacía apagar la computadora (hola pá, las putas estas me dan de comer desde hace más de 16 años), después mis maestras del colegio, que pretendían que estudie y luego Robin Williams, que en paz descanse, con su sociedad de poetas y su "Carpe Diem" tan tatuado en las pieles de muchos a los que no vamos a juzgar, al menos desde este espacio.
Pero, ¿qué carajo es aprovechar el tiempo?
Para los capitalistas es producir y generar beneficios para uno mismo, que derivan en beneficios para la sociedad. Para los comunistas, producir para todos y generar beneficios para la sociedad, que derivan en beneficios para uno mismo. En el ideal, claro, hablan casi de lo mismo. El tiempo hay que utilizarlo para "generar beneficios", donde beneficios son productos y servicios. Esto quiere decir, sin demasiadas vueltas y en una simplificación que hasta me da un poco de pudor, que si no estás haciendo algo productivo, estás perdiendo el tiempo. Y perder el tiempo, lo dijimos de otra forma, es un pecado mortal.
Habiendo definido el tiempo en términos económicos, ponele, creo que hay que salvar a todos de la posibilidad de definirlo en lo personal, que a mí me importa bastante poco, si lo comparo con otras cosas, la economía en general. Y desde acá es más difícil responder a la pregunta de antes.
¿Qué carajo es aprovechar el tiempo?
Desde mi óptica, no suelo perder tanto tiempo (¡ja!, te confundí, ¿no?), sino que lo aprovecho de una manera en que mi viejo y mis seños de la primaria no compartirían. Quizás sea saludando a otros y dándoles de alguna manera vaga mi reconocimiento a su mera existencia. Quizás sea respondiendo a los comentarios que me hacen, sin juzgarlos. Tal vez sea solo estando para los que crean necesitarme en algún momento. Porque si no producir fuera perder el tiempo, digamos, tirarlo a la basura, Carlos no habría escrito lo que escribió porque está lejos de ser una producción de valor, vos, lector improbable, no estarías acá y yo, con más razón, no estaría escribiendo.
Aclaración: que el post que dió origen a esto lo haya escrito alguien con el mismo nombre que mi viejo, es pura coincidencia.
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