me carcome desde adentro.
Aunque el temblor de la noche es el que deja entrar estos, que el día y sus obligaciones alejan un poco la negrura,
mandan a las horas pasar con peores o mejores distracciones
que después se convierten en letargo,
pena y desconsuelo.
¿Cómo pueden pasar ciertas cosas?
¿Cómo se va desde la claridad y alegría, sin escalas en un vuelo ágil y cómodo, hacia la completa oscuridad y el vacío?
El instante de un vuelo que atraviesa todo el océano,
todos los océanos,
sin ventanas,
sin nortes,
sin el menor sentido de la orientación.
Se oyen cada vez más pájaros;
la madrugada va tragando las horas en un descontrol indecible;
miro el reloj y las cuento: ¿hasta dónde podré aguantar esto?
A veces no hay explicaciones, aunque hagan falta. ¿Las merezco? hablo de las explicaciones. No tengo respuesta, solo sé que necesito alguna manera de justificar estos insomnios, entenderlos, que me permitan seguir adelante, para dejar de soñar o para poder apagar el ruido que me lo impide.
Ahora la niebla vuelve a cubrir todo el horizonte, y ya no me quedan rincones.