jueves, 7 de febrero de 2019

Me perdí tu recital

Me perdí tu recital, ¿podés creer?
Había ido a todos los anteriores, y decía siempre que nada en el mundo me iba a impedir ir a verte cada vez que pudieras expresarte de esa manera, cada oportunidad que tuvieras para estar ahí, guitarra en mano y cerquita de tus amigos, con cara de felicidad y la intensidad que te caracteriza.
Todavía me acuerdo cuando en aquel altillo practicabas esos primeros acordes de smoke on the water con tu hermano. ¿Pasaron 10 años de eso? No me parece. Él asegura que tenías 7, yo digo que incluso menos, pero vos sabés que no soy muy bueno para los tiempos y que, solo a veces, un poquito exagero.
También me acuerdo del primer dúo con tu hermano, el segundo con Marquito y el inoxidable juntos a la par de las fiestas de colegio primario. ¿Por qué se te dio tanto por el rock nacional añejado? Supongo que nunca lo voy a saber, aunque me gusta pensar que hubo alguna influencia cariñosa. Otro que recuerdo muy bien es ese que tocaste con la bandita de youtubers, ahí había mucha gente y te aplaudieron groso, mientras todo mi ser rebalsaba en orgullo. O cuando te abracé fuerte después del día que tocaste para casi nadie y sin embargo le pusiste todo. Es que era eso, ¿no?, tocar sin importar quién te escuche, tocar para vos y para tus amigos, tocar por tocar y nada más. Hacer cosas porque sí es algo que aprendí de vos. ¿Por qué hacés eso? Ni idea, pá. ¿Por qué no hacés aquello? Ni tira, compa. En tus respuestas siempre hay un dejo de cinismo que amé desde el minuto uno, desde el día que con cuatro años me explicaste que no, la coca no se cayó porque la tiraste vos, si no porque habías apretado el envase y se fue para arriba. No fue tu culpa, la física es así. Tu humor oscuro también. Con tu hermana hacemos chistes negrisimos y jugamos a saber si te hubieran gustado, si te hubieras reído. Qué se yo, hacemos lo que podemos.

Ayer, o antes de ayer, los días pasan enrarecidos, las horas van o vienen sin ton ni son, pero en alguno de estos días nos acordamos con tu hermano de las preguntas locas que hacés, ¿qué preferís, quedarte ciego o que te corten las manos?, vos siempre elegís quedarte con las manos para tocar la guitarra, yo dudaba entre poder seguir acariciándote o viéndote. A esto de ahora prefiero la ceguera y regalar las dos manos. Pero hoy nadie me da a elegir esas cosas.

Te decía que me perdí tu recital, Lu, te pido perdón, porque tocabas un 31 de enero y yo ese día tenía la cabeza en otro lado, distinto de la música que ocupa siempre la tuya. Ese día yo estaba angustiado, esperando y rezando (sí, rezando, ¿te imaginás? hasta tuve que guglear el padre nuestro para no repetir alguna mala traducción que haya oído en una película). No te preocupes que no me convertí a ninguna religión, pero en esos (y estos) momentos me abrazo a todo lo que tengo a la mano. La cuestión es que estaba almorzando o merendando, porque eran las 5 de la tarde del día de tu recital, ahí cerquita estabas vos, a unas cuadras, cuando me sonó el teléfono y salí corriendo. ¿Podés creer que salí corriendo a buscar lo que sabía que era una mala noticia? La peor que recibí en la vida sin lugar a la más mínima duda. Corrí esas tres cuadras y en el camino agarré la mano de tu vieja, como si nos lleváramos bien desde siempre, y subimos al segundo piso para escuchar juntos unas palabras que no logramos entender del todo, más que conceptualmente. Estábamos duros y ahí no más fuimos a verte, pero ya no estabas, aunque tu pecho subía y bajaba de manera mecánica y pude sentir tu corazón latiendo por última vez. Me desesperé, Lu, al punto que tu vieja intentaba tranquilizarme, ¿te imaginás? hay cosas que te sorprenderían. Ojalá un poco te hagan reír. Ojalá pudiera creer que algún día te voy a volver a ver y me vas a contar cómo te reíste de mi reacción tan estúpida como inútil. Ojalá pueda volver a verte para decirte, una vez más, lo mucho que te amo y la falta que me hacés, a mí y a todos.

Son días muy difíciles estos, pero tendrías que haber visto la cantidad de gente hermosa que nos dio un abrazo, una mano o ambos. Hoy es 3 de febrero y no sé si pasaron tres días o mil años. Supongo que es más o menos lo mismo, que el tiempo sin vos pierde sentido. Nos paramos juntos y te aplaudimos a pedido de tu abuela. Un gesto idiota, pero que para nosotros que siempre pensamos en vos como el músico y el artista, tiene algo de razón.

Te voy a extrañar para siempre, Lu, pero voy a seguir. Por vos, por tus hermanos y por mí, para que algún día pueda decirme al espejo que mi Luli estaría orgulloso, como yo siempre lo estuve de vos.