Él tenía unos tres o cuatro años cuando, estando sentado a la mesa familiar para un almuerzo o cena; los detalles en el tiempo se desarman, se mezclan, se pierden; decía que estaba sentado a la mesa y se paró en su silla para alcanzar la botella de gaseosa, casi tan grande como él mismo, de esas de dos litros o más, hechas de plástico. La botella estaba abierta y bajo la presión de sus pequeñas manos torpes cedió, abandonando a su suerte gran parte del contenido que salía a borbotones por el pico sin tapa, manchando a su paso la mesa entera, inundando platos de comida y también las pequeñas manos que eran miradas con sorpresa por esa carita redonda e inocente. Quitó sus manos con la velocidad que le permitía su pequeño cuerpo y volvió a sentarse en su silla. Me miró a través de la mesa bañada en gaseosa y se encontró con una cara que quizás tuviera ira, a los ojos, y dijo con palabras que salían atropelladas de su boca "es que la gaseosa ocupa lugar y cuando apreté la botella le saqué ese lugar y por eso tuvo que salir para arriba". Yo me senté maravillado por semejante conclusión y tuve que retarlo entre risas y sorpresa, sabiendo que aquél, mi pequeño genio, iba a ser muy difícil de criar.
Resulta que no sólo fue difícil, sino que fue imposible. Siempre listo con sus frases picantes o atrevidas, sus argumentos pensados y veloces para "dejarte pillo" en cualquier discusión, siempre atento a todo lo que no se debía o no se suponía que haga, justamente para hacerlo, desafiante y temerario. Aunque también siempre lleno de amor, atención y empatía que podía verse a través de sus comentarios a veces crueles, atento a los demás. A mí siempre me fascinó su forma de ser, su manera diferente de pensar, asociar temas, discutir y manejarse. A veces se arriesgaba de más porque era un poco torpe, pero también porque no entendía mucho los límites que la sociedad quería imponerle, ¿qué es esa reja? ¿la puedo cabecear? ay, si contara cada una de las veces que tuve que salir corriendo al hospital.
Después de unos años descubrió la música, contagió de eso a los hermanos, nos llenó la casa de melodías, felicidad y amigos. Así vivió y así siempre lo voy a recordar.
Así siempre me va a doler esa hermosa cicatriz.
Tengo muchos otros recuerdos que me guardo, aunque algunos los escribo en distintos lugares, regando mi futuro de sus momentos conmigo, como también hace su hermana "porque me da miedo olvidarlo", como si eso fuera remotamente posible.
Hoy facebook me recuerda que hubiera sido el cumpleaños de mi hijo, si el destino no hubiese querido arrancarmelo de las manos hace casi un año.
Y ahora, en los dieciocho que hubiera tenido, estos pibes que son su hermano, sus amigos, estos hermosos pibes que no dejan de recordarlo, le hacen este homenaje también hermoso, emotivo.
Yo no puedo parar de llorar, aunque tampoco sé si quiero.