sábado, 14 de diciembre de 2019

Como si olvidar fuera posible

Él tenía unos tres o cuatro años cuando, estando sentado a la mesa familiar para un almuerzo o cena; los detalles en el tiempo se desarman, se mezclan, se pierden; decía que estaba sentado a la mesa y se paró en su silla para alcanzar la botella de gaseosa, casi tan grande como él mismo, de esas de dos litros o más, hechas de plástico. La botella estaba abierta y bajo la presión de sus pequeñas manos torpes cedió, abandonando a su suerte gran parte del contenido que salía a borbotones por el pico sin tapa, manchando a su paso la mesa entera, inundando platos de comida y también las pequeñas manos que eran miradas con sorpresa por esa carita redonda e inocente. Quitó sus manos con la velocidad que le permitía su pequeño cuerpo y volvió a sentarse en su silla. Me miró a través de la mesa bañada en gaseosa y se encontró con una cara que quizás tuviera ira, a los ojos, y dijo con palabras que salían atropelladas de su boca "es que la gaseosa ocupa lugar y cuando apreté la botella le saqué ese lugar y por eso tuvo que salir para arriba". Yo me senté maravillado por semejante conclusión y tuve que retarlo entre risas y sorpresa, sabiendo que aquél, mi pequeño genio, iba a ser muy difícil de criar.

Resulta que no sólo fue difícil, sino que fue imposible. Siempre listo con sus frases picantes o atrevidas, sus argumentos pensados y veloces para "dejarte pillo" en cualquier discusión, siempre atento a todo lo que no se debía o no se suponía que haga, justamente para hacerlo, desafiante y temerario. Aunque también siempre lleno de amor, atención y empatía que podía verse a través de sus comentarios a veces crueles, atento a los demás. A mí siempre me fascinó su forma de ser, su manera diferente de pensar, asociar temas, discutir y manejarse. A veces se arriesgaba de más porque era un poco torpe, pero también porque no entendía mucho los límites que la sociedad quería imponerle, ¿qué es esa reja? ¿la puedo cabecear? ay, si contara cada una de las veces que tuve que salir corriendo al hospital.
Después de unos años descubrió la música, contagió de eso a los hermanos, nos llenó la casa de melodías, felicidad y amigos. Así vivió y así siempre lo voy a recordar.

Así siempre me va a doler esa hermosa cicatriz.

Tengo muchos otros recuerdos que me guardo, aunque algunos los escribo en distintos lugares, regando mi futuro de sus momentos conmigo, como también hace su hermana "porque me da miedo olvidarlo", como si eso fuera remotamente posible.

Hoy facebook me recuerda que hubiera sido el cumpleaños de mi hijo, si el destino no hubiese querido arrancarmelo de las manos hace casi un año.

Y ahora, en los dieciocho que hubiera tenido, estos pibes que son su hermano, sus amigos, estos hermosos pibes que no dejan de recordarlo, le hacen este homenaje también hermoso, emotivo.



Yo no puedo parar de llorar, aunque tampoco sé si quiero.

domingo, 24 de marzo de 2019

Marcas


Dejó su marca, como en una premonición de la desaparición tan temprana como dolorosa para quienes lo amamos de manera incondicional. Dejó su marca porque así era él, en cada lugar dónde estaba se hacía presente, se hacía ver, divertía y era querido.
Dejó su marca, como dejó sus canciones, sus letras, sus ritmos, sus discos amados, su música.

Y nosotros agradecidos, aún con el corazón despedazado por su ausencia, pero repleto de sus recuerdos y de su amor. Y repleto de sus marcas.

Nos dejó de todo, y ahora es esa hermosa cicatriz que mostramos con dolor, pero también con orgullo.



viernes, 15 de marzo de 2019

Ya nada tiene tu olor.


Hoy entré a tu cuarto y me di cuenta de que ya nada tiene tu olor. Fui para no subir a buscar un abrigo, quise agarrar uno al azar y lo olí. Después agarré varias prendas más, todos los olores tapados por la humedad o el suavizante que nos obliga a oler más o menos igual a todos; nada característico. El cuarto está la mayor parte del tiempo cerrado, a pesar de algunas reformas que hizo Nano con sus amigas, cuando pintaron y cambiaron de lugar las cosas, aunque tuvieron la delicadeza de dejar la sonrisa medio tétrica que hiciste con cinta. Ahora la pared gris está rematada con una sonrisa roja, con partes rotas, despintadas. Yo lo encuentro apropiado. 

Lo primero que perdimos fue tu voz; las últimas veces que te vi estabas en completo silencio, salvo por el ruido mecánico del aire entrando y saliendo, levantando tu pecho con ayuda de una máquina. Aunque tu voz está en todos lados, en videos, audios que incluso puedo encontrar en Internet, hasta en el timbre de tu hermano cantando tus canciones que a veces me congelan el corazón cuando las escucho; intento poner los pies sobre la tierra rápido para no salir corriendo a buscarlo y abrazarlo como si fueras vos. Lo abrazo, obvio, pero como si fuera él. Últimamente nos abrazamos mucho en casa, así que te agradezco eso de manera infinita. Lo siguiente que perdimos fue tu imagen, pero de nuevo, hay incontables fotos que tus hermanas publican con una constancia de miedo en donde te podemos encontrar, siempre igual, casi siempre contento, casi siempre cantando o haciendo morisquetas.

¿Ahora el olor? No entiendo porqué nadie pensó en que eso también había que guardarlo. Me abrazo a esa falta, lloro, me lleno de rabia. ¿Por qué nunca a nadie se le ocurrió que yo iba a querer olerte una vez más? La puta madre.

Si me concentro, siento que todavía lo recuerdo.

jueves, 7 de febrero de 2019

Me perdí tu recital

Me perdí tu recital, ¿podés creer?
Había ido a todos los anteriores, y decía siempre que nada en el mundo me iba a impedir ir a verte cada vez que pudieras expresarte de esa manera, cada oportunidad que tuvieras para estar ahí, guitarra en mano y cerquita de tus amigos, con cara de felicidad y la intensidad que te caracteriza.
Todavía me acuerdo cuando en aquel altillo practicabas esos primeros acordes de smoke on the water con tu hermano. ¿Pasaron 10 años de eso? No me parece. Él asegura que tenías 7, yo digo que incluso menos, pero vos sabés que no soy muy bueno para los tiempos y que, solo a veces, un poquito exagero.
También me acuerdo del primer dúo con tu hermano, el segundo con Marquito y el inoxidable juntos a la par de las fiestas de colegio primario. ¿Por qué se te dio tanto por el rock nacional añejado? Supongo que nunca lo voy a saber, aunque me gusta pensar que hubo alguna influencia cariñosa. Otro que recuerdo muy bien es ese que tocaste con la bandita de youtubers, ahí había mucha gente y te aplaudieron groso, mientras todo mi ser rebalsaba en orgullo. O cuando te abracé fuerte después del día que tocaste para casi nadie y sin embargo le pusiste todo. Es que era eso, ¿no?, tocar sin importar quién te escuche, tocar para vos y para tus amigos, tocar por tocar y nada más. Hacer cosas porque sí es algo que aprendí de vos. ¿Por qué hacés eso? Ni idea, pá. ¿Por qué no hacés aquello? Ni tira, compa. En tus respuestas siempre hay un dejo de cinismo que amé desde el minuto uno, desde el día que con cuatro años me explicaste que no, la coca no se cayó porque la tiraste vos, si no porque habías apretado el envase y se fue para arriba. No fue tu culpa, la física es así. Tu humor oscuro también. Con tu hermana hacemos chistes negrisimos y jugamos a saber si te hubieran gustado, si te hubieras reído. Qué se yo, hacemos lo que podemos.

Ayer, o antes de ayer, los días pasan enrarecidos, las horas van o vienen sin ton ni son, pero en alguno de estos días nos acordamos con tu hermano de las preguntas locas que hacés, ¿qué preferís, quedarte ciego o que te corten las manos?, vos siempre elegís quedarte con las manos para tocar la guitarra, yo dudaba entre poder seguir acariciándote o viéndote. A esto de ahora prefiero la ceguera y regalar las dos manos. Pero hoy nadie me da a elegir esas cosas.

Te decía que me perdí tu recital, Lu, te pido perdón, porque tocabas un 31 de enero y yo ese día tenía la cabeza en otro lado, distinto de la música que ocupa siempre la tuya. Ese día yo estaba angustiado, esperando y rezando (sí, rezando, ¿te imaginás? hasta tuve que guglear el padre nuestro para no repetir alguna mala traducción que haya oído en una película). No te preocupes que no me convertí a ninguna religión, pero en esos (y estos) momentos me abrazo a todo lo que tengo a la mano. La cuestión es que estaba almorzando o merendando, porque eran las 5 de la tarde del día de tu recital, ahí cerquita estabas vos, a unas cuadras, cuando me sonó el teléfono y salí corriendo. ¿Podés creer que salí corriendo a buscar lo que sabía que era una mala noticia? La peor que recibí en la vida sin lugar a la más mínima duda. Corrí esas tres cuadras y en el camino agarré la mano de tu vieja, como si nos lleváramos bien desde siempre, y subimos al segundo piso para escuchar juntos unas palabras que no logramos entender del todo, más que conceptualmente. Estábamos duros y ahí no más fuimos a verte, pero ya no estabas, aunque tu pecho subía y bajaba de manera mecánica y pude sentir tu corazón latiendo por última vez. Me desesperé, Lu, al punto que tu vieja intentaba tranquilizarme, ¿te imaginás? hay cosas que te sorprenderían. Ojalá un poco te hagan reír. Ojalá pudiera creer que algún día te voy a volver a ver y me vas a contar cómo te reíste de mi reacción tan estúpida como inútil. Ojalá pueda volver a verte para decirte, una vez más, lo mucho que te amo y la falta que me hacés, a mí y a todos.

Son días muy difíciles estos, pero tendrías que haber visto la cantidad de gente hermosa que nos dio un abrazo, una mano o ambos. Hoy es 3 de febrero y no sé si pasaron tres días o mil años. Supongo que es más o menos lo mismo, que el tiempo sin vos pierde sentido. Nos paramos juntos y te aplaudimos a pedido de tu abuela. Un gesto idiota, pero que para nosotros que siempre pensamos en vos como el músico y el artista, tiene algo de razón.

Te voy a extrañar para siempre, Lu, pero voy a seguir. Por vos, por tus hermanos y por mí, para que algún día pueda decirme al espejo que mi Luli estaría orgulloso, como yo siempre lo estuve de vos.