viernes, 15 de marzo de 2019

Ya nada tiene tu olor.


Hoy entré a tu cuarto y me di cuenta de que ya nada tiene tu olor. Fui para no subir a buscar un abrigo, quise agarrar uno al azar y lo olí. Después agarré varias prendas más, todos los olores tapados por la humedad o el suavizante que nos obliga a oler más o menos igual a todos; nada característico. El cuarto está la mayor parte del tiempo cerrado, a pesar de algunas reformas que hizo Nano con sus amigas, cuando pintaron y cambiaron de lugar las cosas, aunque tuvieron la delicadeza de dejar la sonrisa medio tétrica que hiciste con cinta. Ahora la pared gris está rematada con una sonrisa roja, con partes rotas, despintadas. Yo lo encuentro apropiado. 

Lo primero que perdimos fue tu voz; las últimas veces que te vi estabas en completo silencio, salvo por el ruido mecánico del aire entrando y saliendo, levantando tu pecho con ayuda de una máquina. Aunque tu voz está en todos lados, en videos, audios que incluso puedo encontrar en Internet, hasta en el timbre de tu hermano cantando tus canciones que a veces me congelan el corazón cuando las escucho; intento poner los pies sobre la tierra rápido para no salir corriendo a buscarlo y abrazarlo como si fueras vos. Lo abrazo, obvio, pero como si fuera él. Últimamente nos abrazamos mucho en casa, así que te agradezco eso de manera infinita. Lo siguiente que perdimos fue tu imagen, pero de nuevo, hay incontables fotos que tus hermanas publican con una constancia de miedo en donde te podemos encontrar, siempre igual, casi siempre contento, casi siempre cantando o haciendo morisquetas.

¿Ahora el olor? No entiendo porqué nadie pensó en que eso también había que guardarlo. Me abrazo a esa falta, lloro, me lleno de rabia. ¿Por qué nunca a nadie se le ocurrió que yo iba a querer olerte una vez más? La puta madre.

Si me concentro, siento que todavía lo recuerdo.

2 comentarios: