Me acuesto en una soledad absoluta,
la madrugada ya se comió todos los sonidos y,
muy a lo lejos,
regurgita un crepitar de vías oscuras
bajo el peso inconmensurable de un tren de cargas que descuartiza el silencio y mi cabeza
mientras recorre un océano de kilómetros de frío metal y el millar de piedras que lo rodean,
recordando una infancia de vías cercanas,
de juegos donde no soñaba con vos y todo lo que provocás,
un tren que viaja liviano,
comparado con mi alma cargada de recuerdos tuyos,
nuestros,
de un amor que no esperaba y que agradezco,
muy a pesar de este dolor que destroza mi corazón en miles de pedazos,
cada uno más chico que el otro y todos con tu nombre.
También te busco en todos los rincones,
pero cuando te encuentro no sé qué hacer.
es perfecto
ResponderEliminarGracias, hermosa sobrina del corazón.
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