Hace unos años trabajaba yo para una empresa que ahora prefiero no nombrar, pero de la que diré que formaba parte de un grupo monopólico de medios de comunicación (guiño, guiño). Estaba en esa empresa conversando de bueyes perdidos con un muchacho de gráfica cuando, con el poco tacto que me ha caracterizado durante casi toda la vida y del que hasta a veces me siento orgulloso, le comenté que creía que la gráfica, su fuente de trabajo, eventualmente iba a desaparecer dejándole lugar a otros medios, como por ejemplo internet, casualmente, mi fuente de trabajo. El muchacho de gráfica, lejos de sentirse agraviado me trató de gil, se rió y me dijo muy seguro de sí mismo que la gráfica nunca iba a desaparecer, que en su opinión, siempre iba a existir el diario (y supongo que se refería al diario en general y a ese en particular, guiño, guiño) porque siempre iba a haber gente, entre las cuales contaba los periodistas, estudiantes de periodismo y mucha otra gente que ahora no recuerdo, pero que según él necesitaba el diario en papel, todas cosas por demás improbables, sabemos que nada es para siempre y mucho menos un medio de comunicación tan difícil de distribuir en la era digital.
Muchos años después y con algo más de experiencia (?) me dispongo a decirles que el tipo este tenía razón, aunque no por las razones que él creía. Hoy quiero atreverme a contarles que el diario en papel va a existir para siempre, al menos donde para siempre es el límite de mi vida, simple, lisa y llanamente porque no se puede hacer el truco de la botella para prender el fuego del asado con un IPad.

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