No tenía tiempo para llorar y hacer el duelo de ese amor mal terminado. Sus días pasaban en una rutina insoportable de tareas que ocupaban cada segundo de su cabeza, mientras con toda la voluntad de su ser, iba enterrando la angustia cada vez más al fondo, reconociéndola, pero como si fuese de otro él, de una vida que nunca quiso y que había decidido dejar atrás.
La oscuridad, desde lo más profundo de su alma, se hizo coraza y fue tan dura e inevitable que nunca más pudo abrirse a otro corazón.

No hay comentarios:
Publicar un comentario